Estamos vivos.

Tengo veinte años y vuelvo a mi casa en colectivo, es de madrugada y veo el campo dormido bajo el pasto helado, realmente hace mucho frío en este intento de ciudad que sobrevive casi bajo el agua oscura del río.

Hace muchas horas estuve en un recital transpirando entre un montón de desconocidos, disfruto mucho estar sola con la música, sola y con un montón de personas que no conozco, sola puedo ser yo.

Cuando termina la música en el bar camino unas cuadras a la casa de alguien con quien también puedo ser yo. Compartimos unas horas entre cigarrillos y mantas de lana, tiene los dedos muy finos y largos enredados en mi pelo y me dice que esta noche me voy a sentir viva, porque es la primer noche del año en que hace mucho frío y yo soy del agua helada, del monte en la noche.

Me acompaña unas cuadras en el colectivo, me cae bien porque me sorprende todo el tiempo, pero se que es la ultima vez que nos vamos a ver, esta época de mi vida es así, todo lo bueno dura poco y lo se. Cuando se baja abro la ventana para sentir el viento helado en la cara, el camino que me lleva a casa cruza el campo y las fabricas, todo duerme vibrando en los cero grados. Pasaron diez años y todavía recuerdo todas las texturas de esa noche. Estamos vivos.

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