El sol no tiene sombra.

 

Sobre el ejercicio de recorrer los descartes de los rollos de fotos.


Hago fotos nuevas que no me interesan y me intrigan todas las cosas viejas que alguna vez descarté.

Estoy en un antiguo cementerio arriba de una sierra, caminé al menos una hora para llegar a ese lugar. A un lado está el horizonte y al final, muy lejos, una línea de casitas, al otro lado el monte: un montón de nudos y asperezas. En el medio de mí misma estoy yo que saco estas fotos.

A veces me doy cuenta de lo ridículo que es creer en que hay un antes y un ahora, siempre es ese cementerio en la sierra, con los nudos y el pueblo abajo, el sol de guía. El fuego no tiene sombra, ¿sabían?



Fotos: La Cumbrecita, Córdoba, Argentina. Agosto de 2013.
Banda sonora: Radiohead - Daydream
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do you really wanna go back in time?

 
 
i still care about you being well / i still wonder how we conquered hell / i still love this nonsense team we make / i still think we're twisted both the same
 
 
 
 
La Lucila del Mar, enero de 2018.
Banda sonora: The Dø - Miracles
También en Instagram
 

Estamos vivos.

Tengo veinte años y vuelvo a mi casa en colectivo, es de madrugada y veo el campo dormido bajo el pasto helado, realmente hace mucho frío en este intento de ciudad que sobrevive casi bajo el agua oscura del río. Hace muchas horas estuve en un recital transpirando entre un montón de desconocidos, disfruto mucho estar sola con la música, sola y con un montón de personas que no conozco, sola puedo ser yo. Cuando termina la música en el bar camino unas cuadras a la casa de alguien con quien también puedo ser yo. Compartimos unas horas entre cigarrillos y mantas de lana, tiene los dedos muy finos y largos enredados en mi pelo y me dice que esta noche me voy a sentir viva, porque es la primer noche del año en que hace mucho frío y yo soy del agua helada, del monte en la noche. Me acompaña unas cuadras en el colectivo, me cae bien porque me sorprende todo el tiempo, pero se que es la ultima vez que nos vamos a ver, esta época de mi vida es así, todo lo bueno dura poco y lo se. Cuando se baja abro la ventana para sentir el viento helado en la cara, el camino que me lleva a casa cruza el campo y las fabricas, todo duerme vibrando en los cero grados. Pasaron diez años y todavía recuerdo todas las texturas de esa noche. Estamos vivos.